QUNDAXNO

Grupo de Reflexión Fernando Ortiz Letelier

DE EDUCACIÓN

Como grupo de académicos de izqu

ierda

mantenemos desde hace un tiempo una re-

flexión acerca de la educación superior en

Chile. En conocimiento de que otros cole-

gas han estado preocupados por una prob-

lemáticasimilar, yhanelaboradotrabajos

alre-

specto, les invitamos, por medio de esta hoja

a debatir en conjunto. Esperamos que

este

sea elembrión de una futura discusión queno dudamos será enriquecida gracias al debate. Por supuesto que para que este debate

rinda frutos, debe incluir a todos qui

estamos

tario, razón por la cua

a contribuir en números posteriores a

enes

por un nuevo sistema universi- desde ya invitamos

qui-

enes entiendan la Universidad de manera

no funcional al actual modelo económico.

aporte para quienes vivimos con en asmo y espíritu crítico el quehacer versitario, y ojalá también ella contri

a instalar en el ambiente académico

discusión que permita resolver profu

contradicciones que todavía se arrastran desde la dictadura, como son los problemas

Esperamos que esta publicación sea un

tusi- uni- buya una ndas

globales de la educación en nuestro

país.

Nuestro pueblo carece hoy en día de un Estado Nacio- nal que lo proteja y vele por la satisfacción de sus

más elementales derechos. Entre ellos, la salud,

la educación,

la protección y

promoción de los

recursos naturales,

la cultura. Se ha im-

puesto una economía glo- balizada, hegemonizada por el capital financiero trasna- cional, con una acumulación de riqueza nunca antes vista en la historia.

N. 51 | Año XIIl JUL- SEP 2019

Publicación Trimestral Gratuita ISSN 0719-0271

Esta hegemonía del capital financiero, domina nuevas formas de acción político- ideológica. Ha logrado apro- vecharse y orientar la gene- ración de conocimiento para cambiar a la vez la producción y las formas de alienación de la población mundial a fin de reproducir su sistema de dominación. El trabajo

se ha visto así pro- fundamente trans- formado, al igual

que la estructura de

clases. En nuestro

país, la concentración

de la riqueza en pocos grupos se hace cada vez ma- yor, al tiempo que se siembra la ilusión de que estamos a la puerta del desarrollo y que se hace política para una inexis- tente “clase media”, que es más bien una inmensa mayo-

2 Cuadernos de Educación

ría de deudores y de precarios autoproclamados “emprendedores” o comerciantes.

Las universidades estatales, que en el pasado fueron el instrumento para garantizar el dere- cho a la educación, han sido traspasadas por el modelo hegemónico. Dentro de ellas hay quienes aún defienden ese derecho, aunque lamentablemente las fuerzas progresistas están divididas. Para los comunistas, la lucha por una sociedad más justa es inseparable del desarrollo del conocimiento, de la creación, de la educa- ción de todo el pueblo. Así lo ha sido desde el nacimiento de nuestro Partido. Para los traba- jadores conscientes de Chile, la educación es un derecho fundamental a conquistar y siem- pre apoyarán la lucha de los trabajadores de la Educación Superior por transformar sus institu- ciones en función de las necesidades de nues- tro pueblo y de un nuevo modelo de desarrollo para Chile, que lo libere de la hegemonía del ca- pitalismo financiero y sus soportes ideológicos.

Uno de los mayores desafíos en la época actual está en asumir los cambios en el trabajo que han alterado la estructura de clases. En ese contex- to, la robotización de faenas que hoy se yergue como una amenaza para los trabajadores por la cesantía que podría producir, debe ser trans- formada en una liberación de tareas rutinarias para asumir desafíos de mayor orden creativo. Para ello, es necesario avanzar en un Sistema Integral de Formación de los Trabajadores, en que la CUT y organizaciones sindicales tengan el control y que puedan contar con el apoyo del sistema estatal de Educación Superior.

Nuestro Partido está en plena elaboración de

un Nuevo Modelo de Desarrollo para nuestro país que provea una mejor calidad de vida a nuestro pueblo. Se trata de una propuesta de refundación de la democracia y generación de una nueva Constitución, promoviendo la cien- cia, la tecnología, la cultura, haciéndose cargo de la recuperación de los recursos naturales -el cobre, el Litio y el agua- y la sustentabilidad medioambiental. Para nosotros, un eje orienta- dor fundamental está dado por el análisis de la evolución deltrabajo, de los derechos sociales y las políticas públicas en el Siglo XX.

El Nuevo Modelo de Desarrollo será obra co- lectiva y confiamos permita generar una amplia alianza programática de las fuerzas progresistas del país. Y nos parece que como ha ocurrido muchas veces en la historia de nuestro país, Valparaíso puede ser una región en que ger- mine una alianza con esas características. Ya empiezan a unirse fuerzas promisorias en las organizaciones comunitarias, en los sindicatos, en el Colegio de Profesores. Pero, además, nos parece de importancia mayor que esto también comience a darse en la Educación Superior, y muy especialmente en la Universidad de Valpa- raíso. El país enfrentará procesos eleccionarios diversos: concejales, alcaldes, gobernadores. El régimen actual vería con buenos ojos que haya una gran abstención de las fuerzas populares y que además estas elecciones se vean de mane- ra independiente entre sí. Dividir y promover el no cumplimiento de deberes cívicos es la mejor receta para mantenerse en el poder. Asimismo, hay quienes piensan que las elecciones univer- sitarias son diferentes y no se pueden mezclar con otros procesos cívicos. Para nosotros no. Nuestro Partido considera que la conquista de

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un orden social más justo debe darse a la vez en el plano de la administración del Estado y también en las instituciones que generan el co- nocimiento que reproduce el orden establecido. Desde su nacimiento, el Partido Comunista de Chile ha unido la lucha social con la defensa y promoción de la cultura. Por ese motivo, el pro- ceso eleccionario actual en la Universidad de Valparaíso es para nosotros de la mayor impor- tancia.

Concebimos una Universidad de Valparaíso que sea líder en la defensa del Derecho a la Educa- ción jugando un papel muy activo junto a otras universidades estatales para conseguir una ver- dadera reforma de la Educación Superior, yen- do más allá de la actual gratuidad. Es una dura batalla con el actual gobierno que busca revertir los tímidos avances conseguidos durante el go- bierno Bachelet. Pero nuestro Partido está por generar una amplia unidad político-social que tenga por norte recuperar el financiamiento total de sus universidades por parte del Esta- do. Concebimos este proceso uniendo fuerzas diversas: la lucha parlamentaria, la de los es- tudiantes, que sensibilice a los trabajadores, y sea también parte de las alianzas que se gesten próximamente para hacer frente a elecciones de concejales, alcaldes y gobernadores.

Para nosotros es de primera importancia que la Universidad de Valparaíso se haga cargo de problemas estratégicos de nuestro desarrollo nacional y regional. Esto significa desarrollar proyectos que propongan mejorar la atención de salud, la prevención de desastres naturales, el desarrollo de las energías renovables no con- vencionales, el transporte en la región. Valparaí-

so ha perdido gran parte de su actividad indus- trial y ha dejado de ser el principal puerto del país. Una buena parte de los trabajadores por- tuarios tienen empleo precario. Y esta precari- zación aumentará con la robotización de faenas que está ad portas. Se requiere la colaboración de científicos, ingenieros y técnicos que diseñen un plan integral de formación de los trabajado- res del siglo XXI. Pensamos que la Universidad de Valparaíso puede ser un ejemplo de institu- ción que se desmarque del modelo neoliberal para cumplir con una misión propia de un Es- tado Nacional, hoy inexistente. Consideramos que hoy en día hay enormes potencialidades de esta universidad que comienzan a manifestarse a través de iniciativas que esperamos se man- tengan y se extiendan. Nos referimos a las Uni- versidades Abiertas que han sido creadas a par- tir de las iniciativas del campus San Felipe. Es un muy buen ejemplo de cómo concebimos la función de extensión universitaria, hoy llamada “vinculación con el medio”. Y esperamos que la universidad fortalezca cada vez más su relación con la ciudadanía, a través de convenios firma- dos con el Gobierno Regional que permitan ex- tender su vinculación a toda la Quinta Región.

Estamos por apoyar la implementación de es- tatutos democráticos que garanticen la triesta- mentalidad en los órganos normativos. Nos pa- rece también importante que en ellos se genere la institución del Defensor Universitario, que sea quien vigile que los estatutos estén siendo correctamente aplicados y que alerte cuando sea necesario modificarlos, por no estar garan- tizando alguna reivindicación nueva surgida en el seno de la comunidad universitaria.

qe + JUniversidad

* + HdeValparaíso CHILE

Uno de los aspectos que más preocupa actual- mente a todos los trabajadores es la precarie- dad del empleo. El caso universitario no es la excepción. Tenemos hoy una enorme población de profesores a honorarios y de jornada parcial, investigadores jóvenes y técnicos pagados por proyectos. Asimismo, en las universidades esta- tales hay una suerte de anarquía en las asigna- ciones, muy necesarias por el bajo monto de los sueldos de base. Se necesita una Nueva Carrera Académica que regule por una parte las diversas jerarquías y también los sueldos, para terminar con asignaciones arbitrarias. Para contrarrestar la precariedad que el modelo actual ha gene- rado, nos parece necesario que se genere una categoría especial (de duración de dos años, por ejemplo, reevaluable) para los profesores que dictan horas de cursos sin ser contratados jornada completa.

Nuestro Partido valora el progreso realizado por la Universidad de Valparaíso en la investi- gación científica, y considera que es necesario que quienes asuman su dirección a partir de 2020 continúen promoviendo este desarrollo de manera plena, sin caer en imposiciones ge- neradas por el modelo económico hegemónico. Esto significa evitar aplicar reglas uniformes de medición de la calidad de la investigación (los llamados “índices de impacto”), sino más bien, atender a las especificidades de cada disciplina, donde el juicio de órganos colectivos de culto- res expertos puede ser mucho más justo y ef- ciente en la evaluación. Hoy en día vemos que la creación de conocimiento, acelerada por las redes de comunicación, está marcando una ten- dencia al desarrollo de investigaciones interdis- ciplinariasque ponen a prueba las estructuras universitarias. Por el momento, varias de ellas han comenzado a crear estructuras de institutos de investigación donde confluyen especialistas de diferentes áreas. Nos parece que es una ten- dencia que debiera reforzarse en la Universidad de Valparaíso, pues los institutos permiten ar- monizar todas las funciones académicas y ade- más agregar características de interdisciplina.

En la óptica neoliberal ortodoja se prefiere la estructura de escuela, como fábrica de profe- sionales simplemente, en desmedro de la fun- ción de investigación. No estamos de acuerdo en cercenar la función de investigación, pues ella debe ser una de las principales fortalezas de las universidades estatales.

Llamamos a la comunidad de la Universidad de Valparaíso a considerar estas ideas a la hora de elegir un nuevo Rector, teniendo en cuenta la globalidad de los cambios que nuestra sociedad requiere. Nuestro Partido apoyará y participará en la construcción del nuevo gobierno universi- tario de quien se identifique con nuestros plan- teamientos, que esperamos sirvan para cons- truir colectivamente un Plan de Desarrollo para una Universidad de Valparaíso comprometida con el pueblo de Chile.

Partido Comunista de Chile

Valparaíso, 22 de agosto de 2019

Los ecos de las voces silenciadas y se- pultadas de los “pueblos originarios”.

Danilo Ahumada.

«

La noción misma de “pueblos originarios” deno- minación “políticamente” correcta para hablar de los indígenas en América Latina, nos sitúa ante un problema de difícil solución, sobre todo cuando pensamos que la presencia anhelada no está en un origen puro ni en un futuro deseado, sino que la respuesta podría encontrarse en el por-venir. Esta dificultad que se nos presenta cuando pretendemos nombrar a un pueblo que habita estas tierras, antes de la llegada de los españoles, nos remiten a antiguas batallas cul- turales y simbólicas. Se trata de un término que no es neutro ni inocente.

Las siguientes palabras no pretenden recuperar la pureza nominante de alguna originaria civili- zación primitiva, como tampoco es un gesto de homogeneización capaz de estandarizar los sig- nificados.

La idea es aportar a la construcción de nuevos sienificantes que nos permitan reconocernos como sociedades atravesadas por la herida co- lonial, pero al mismo tiempo criticar la matriz colonizadora que nos impuso sus lenguas, sus nombres, sus gramáticas y sus miradas.

La expresión pueblos originarios, en el caso de Chile, es un concepto relativamente nuevo, que comenzó a ser utilizado a principios de los años 90 con el retorno a la democracia, anterior a ello, los pueblos originarios eran concebidos en los libros de historia y en el discurso oficial de la dictadura como los antepasados, como los pue- blos que habitaron antes de la llegada de los

españoles, sin mencionar, que continuaban re- sistiendo a los avatares del sistema económico - político y que los obligada a asumir formas de vida diferentes a su cosmovisión. En el caso del pueblo Mapuche, eran llamados araucanos, de- nominación española utilizada para señalar a la gente de la tierra. Con la llegada de la democra- cia los gobiernos de la concertación comienzan a revalorizar al estado como espacio institucio- nal y ético - político, asumiendo las demandas de los pueblos originarios y la deuda que tenía el estado con el pueblo Mapuche, sin embar- go, las políticas se generaron mirando al “otro” como un ser inferior, lógica de lo subalterno, con la permanente sospecha que el otro no es tan humano como yo. Aparece la idea del otro como maléfico, se comienza a pensar el espacio social como un lugar homogéneo, bajo la idea, de que todos son chilenos, que todos tienen los mismos derechos, dejando de lado la heteroge- neidad que tiene por esencia cualquier espacio social. En esta lógica comienza la devolución de tierras a las comunidades, usurpadas luego de la invasión del ejército chileno en el año 1891, cuando los grupos de poder y la burguesía agra- ria del siglo XIX, con su proyecto militar, incor- poraron por la vía violenta el territorio ancestral mapuche al sistema de producción capitalista, lo que permitió, a su vez, culminar con el proce- so de formación del Estado chileno.

Como resultado de esta incursión militar el Es- tado impuso las reservas, desplazó a la pobla- ción de sus espacios originales y remató la ma- yor parte del territorio indígena beneficiando a

colonos criollos y extranjeros que se apropiaron fácilmente de las tierras.Las 10 millones de hec- táreas que correspondían al territorio mapuche antes de la Ocupación militar hoy están reduci- das a 500 mil.

Desde la lógica del estado burócrata, los gobier- nos de la concertación a través de los organis- mos creados para la devolución de las tierras y el reconocimiento de los pueblos originarios, impulsó una serie de políticas públicas que ter- minaron con las comunidades desplazadas, con la idea de homogenizar, fueron trasladadas a es- pacios reducidos y obligados a “urbanizarse”, sin embargo, las comunidades no resistieron y radi- calizaron sus posturas, exigiendo la devolución de las tierras usurpadas. Ante estas exigencias los gobiernos de la concertación cambian el dis- curso, validando la lógica del otro como malé- fico, el mapuche pasa a ser considerado terro- rista por el propio Estado. En los gobiernos de Lagos y Bachelet se invoca la ley antiterrorista que persigue y condena a los comuneros ma- puche, el estado solicita penas que superan los 100 años de cárcel para ese “otro” ahora conce- bido como terrorista.

Desde la lógica homogenizante del concepto del “nosotros” la noción de “pueblos originarios” no es un término neutro ni inocente. Durante muchos años los indígenas se confundieron con los campesinos e inclusive en nuestros días resulta difícil establecer la línea divisoria entre unos y otros.

La llegada de la Unidad Popular en el año 1970 encabezada por Salvador Allende, generó gran- des expectativas en los pueblos originarios, pese a que se crearon condiciones para que las comunidades indígenas fueran parte del pro- ceso de reforma agraria, el estado nuevamente homogenizó a los campesinos y mapuches, dan- do cuenta que las políticas desarrolladas por los partidos políticos no interpretaban la demanda desde una perspectiva de sociedad indígena y pueblo propiamente tal.

Podríamos señalar que el gobierno de Allende y los gobiernos concertacionistas “progresis- tas” han construido su política bajo la mirada occidental, entendiendo la lucha de clases en- tre explotados y explotadores, ahí no existiría la posibilidad de un “otro” distinto, y es que en toda sociedad colonizada, los grupos de poder, fueron conformados por diversas fracciones de la oligarquía blanco, mestiza, que trazan una serie de estrategias de dominación. La oligar- quía Chilena forma un estado social colonialis- ta, entonces los grupos de izquierda y derecha, o liberales y conservadores tendrían la misma matriz colonizadora. Desde esta mirada podría- mos entender la contención que han realizado gobiernos de izquierda y derecha frenando los procesos de recuperación de tierras de las co- munidades mapuche.

El mapuche ocuparía el lugar del extranjero, es “otro” peligroso, que está fuera de la ley y que atenta necesariamente con lo establecido.

Durante los últimos años se ha instalado el dis- curso de la inclusión multicultural, la tolerancia hacia el “otro”, sin embargo, operan como me- canismos de poder. Para la tolerancia el otro es inaceptable. Y si bien es cierto hay avances en políticas contra la exclusión y discriminación, estas siguen implicando la asimilación de las mi- norías por las mayorías

Aparece el complejo de superioridad, la política de inclusión proviene de otro, considerando al mapuche como inferior. La política social domi- nante es quien fija la identidad, es una políti- ca de la indiferencia. La identidad se construye desde afuera hacia dentro dejándonos a todos en un lugar común. Desde esta lógica el pue- blo mapuche no tendría la capacidad suficiente para comprender y menos para elaborar políti- cas públicas.

Desde este lugar lleno de contradicciones, que concibe al otro como maléfico, comienzan apa- recer los ecos de aquellas voces sepultadas y

silenciadas que siguen asediando el mundo de los vivos, recordándonos que el pasado insiste con su reclamo de justicia. Walter Benjamin ha- bla sobre el asedio espectral como promesa de justicia. Se trata de un pasado no resuelto, in- acabado pero también como lo plantea Marx y Derrida de la comunidad por- venir; espectros que intranquilizan y desquician el presente ca- tastrófico de un continente colonizado.

La colonización trajo como consecuencia, entre otras cosas, que la religión monoteísta barriera con sus cosmovisiones y que el moderno Esta- do burocrático desplazara a las arcaicas organi- zaciones “socialistas”. El sur de América fue con- cebido como proveedor de recursos naturales y mano de obra barata.

La instalación de empresas forestales en terri- torios ocupados ancestralmente por comunida- des mapuche ha generado daños irreparables, ya que han dividido a las familias que antes compartían un mismo territorio. La familia es la unidad base de la organización social de estos pueblos. Por otra parte, la plantación de pinos y eucaliptos secan y contaminan las napas sub- terráneas ya que son especies introducidas que se dan en condiciones de humedad por lo tanto consumen una alta cantidad de agua, provocan- do sequías en las napas subterráneas y la inuti- lización de las tierras, grave problema para las comunidades que desarrollan su vida en torno a la tierra. Las comunidades hoy viven en es- pacios reducidos, ya no consiguen sus plantas medicinales y la tierra es cada vez más esquiva para las plantaciones de papa, principal recurso de este espacio territorial.

Las condiciones de pobreza son extremas. Sin tierras productivas para trabajarlas y subyuga- dos a las forestales que mantienen el control económico y militar en la zona, algunos comu- neros son contratados por las empresas made- reras como mano de obra barata. Los comu- neros realizan el conjunto de las tareas que no pueden ser confiadas a la automatización y que

pueden ser ocupadas por cualquier humano. El mapuche asume la condición de obrero y es obligado a incorporar nuevos modelos de pro- ducción.

Pensar la identidad desde el colonialismo

Para poder entender el tema de la identidad en nuestro continente es necesario indagar e inter- pelar la construcción de un “nosotros”, un de- safío problemático ya que cuando intentamos unificar voces distintas, aunar criterios se debe asumir el riesgo de homogeneizar lo irremedia- blemente diverso y resistir a la humana tenta- ción de transformar al “ellos” en un enemigo a vencer, conquistar, asimilar o normalizar, es de- cir, la tentación de convertirlo en “nuestro” otro, en nosotros.

Es necesario intentar dejar de lado la búsque- da de re significados para denominar a nuestro continente y aquellos pueblos que estaban en estas tierras, antes de la llegada de los coloniza- dores, no se puede vivir tratando de reemplazar un signo por un nombre liberador y descoloni- zado.

Para Derrida, el hecho de que exista igualdad remonta a la violencia que tuvo que ser nece- saria para callar las diversas “voces” y obligarlas de un modo a parecer semejantes, por lo que todo sistema que habla de igualdad trae con- sigo la diferencia y la incluye por medio de la represión al anular lo diferente, lo que enviará a otro lado, ese resto que permanece y que está siento diferido a través de la violencia y de la incorporación del otro.

“Así, cada cultura es un trayecto en la visión del sueño del universo, nos dijeron. El mundo es como un jardín, después. Cada cultura es una delicada flor que hay que cuidar para que no se marchite. A veces pueden parecernos semejantes, pero cada una tiene su aroma, su textura, su tonalidad particu- lar. Y aunque las flores azules sean nuestras predilectas ¿qué sería de un jardín sólo con flores azules? Es la diversidad la que otorga el alegre colorido a un jardín. Tal como la expresión de esa diversidad, el diálogo de sus pensamientos, es lo que nos permite y nos seguirá permitiendo la más enriquecedora

comprensión del mensaje de los sueños”

Elicura Chihuailaf, poeta mapuche

Resistencia de comunidades mapuche al sistema de producción capitalista. Danilo Anumada Flores.

Desde los años 80 el estado chileno ha aplicado el modelo neoliberal, incentivando la presencia de capitales extranjeros, vendiendo activos y convirtiendo la política social universal en po- lítica social focalizada. Esta política económica ha permitido la acumulación de capital y el au- mento del desempleo, situándolo dentro de los países con peor distribución de la riqueza en el mundo.

En este contexto, el conflicto mapuche se ha convertido en una demanda no sólo de los pue- blos originarios, sino que ha despertado la sim- patía de un número importante de la población que ha visto cómo el Estado criminaliza la pro- testa social y es incapaz de escuchar las deman- das de aquellos que durante siglos han luchado en contra de la usurpación de tierras traspa- sadas por el Estado a las transnacionales, pro- vocando daños irreparables en el ecosistema. Tierras que desde tiempos ancestrales le han pertenecido a los mapuche (gente de la tierra).

La Coordinadora Arauco Malleco (C.A.M.) es una de las organizaciones mapuche más im- portantes del territorio, considerada por el go- bierno y por los medios de comunicación ma- sivos como un grupo insurgente, con accionar terrorista, cuyo propósito es la recuperación de tierras a través de actos violentos como la que- ma de camiones y fundos en manos de las fo- restales. La C.A.M. reivindica el reconocimiento de la nación mapuche como pueblo originario, autónomo, con prácticas y modos de vida mile- narios. Plantea un proceso de liberación y el de-

recho de los oprimidos a revelarse. Valida todas las formas de lucha y señala que la Única solu- ción es la devolución de las tierras usurpadas.

El conflicto mapuche

El conflicto Estado Chileno - Pueblo Mapuche tiene sus orígenes con la invasión del ejército chileno en el año 1891, cuando los grupos de poder y la burguesía agraria del siglo XIX, con su proyecto militar, incorporaron por la vía vio- lenta el territorio ancestral mapuche al sistema de producción capitalista, lo que permitió, a su vez, culminar con el proceso de formación del Estado chileno.

Como resultado de esta incursión militar el Es- tado impuso las reservas, desplazó a la pobla- ción de sus espacios originales y remató la ma- yor parte del territorio indígena beneficiando a colonos criollos y extranjeros que se apropiaron fácilmente de las tierras.1Las 10 millones de hectáreas que correspondían al territorio ma- puche antes de la Ocupación militar hoy están reducidas a 500 mil.

En la región del Bío Bío y principalmente en la Provincia de Arauco donde se encuentra la ma- yor cantidad de espacios territoriales mapuche (well mapu), tanto particulares, como empresas forestales, empresarios y el propio Estado, han conjugado una estrategia económica que consi- dera la lógica mercantil del eco desarrollo cen- tralizado, el que asocia crecimiento económico, preservación del medio y equidad social. Por el

contrario, las comunidades mapuche continúan aplicando el concepto de Itro Fil Mogen (tradu- cido en el mundo contemporáneo y científico como biodiversidad) y que significa, la totalidad sin exclusión, la integridad sin fragmentación de todo lo viviente, de la vida. Este es el centro de la filosofía mapuche. El motor de la sociedad no es la búsqueda de un crecimiento económico a rentabilidad extrema, sino el equilibrio que sólo puede entregar una interacción de reciprocidad económica, cultural y social.

El presente ensayo considera como objeto de estudio las comunidades mapuche que viven en condiciones de extrema pobreza en la rivera del lago Lleu Lleu, sector de Puerto Choque, de la Provincia de Arauco en la Región del Bío Bío. En este sector, ubicado a unos 700 kilómetros de Santiago, las comunidades se encuentran rodeadas por forestales y fuerzas policiales, las que constituyen nuevas formas de ocupación por parte del Estado chileno y validan el con- trol territorial que comenzó con la Ocupación Militar de la Araucanía. Allí, las familias mapu- che son víctimas de allanamientos constantes, interrogatorios, montajes y arrestos que no se ajustan al estado de derecho y que han termi- nado con los líderes de la C.A.M. tras las rejas. La violencia generada en la zona de conflicto también afecta a niños, mujeres y ancianos.

La investigación pretende analizar cómo el sis- tema capitalista ha penetrado en los espacios territoriales mapuche y cómo éstos se resisten a modificar sus procesos de intercambio. Además, analizaremos cómo las forestales, con el apoyo del Estado, han perseguido judicialmente a los comuneros, acusándolos de robo de leña, que- ma de camiones y fundos y amenazas contra los dueños de las tierras usurpadas para lograr su recuperación.

Comunidades mapuche enfrentadas al capital

La incorporación del territorio ancestral mapu- che al sistema de producción capitalista trajo

consecuencias nefastas para las comunidades. Durante la década de los 70 los mapuche de- bieron comenzar a modificar sus procesos de intercambio (trueque), entendido como la “for- ma natural del proceso de intercambio y que representa mucho más la transformación inci- piente del valor de uso en mercancía que la de las mercancías en dinero. El valor de cambio no cobra todavía forma exenta, sino que está aún inmediatamente vinculado al valor de uso”. 2

Este proceso de intercambio puede ser enten- dido desde los planteamientos de Marx, donde las comunidades se comportan como una aso- ciación de hombres libres, trabajan con medios de producción colectivos y emplean sus fuerzas de trabajo individuales como fuerza de trabajo social. Todo el producto realizado por el colec- tivo es un producto social. Las relaciones so- ciales de los hombres con sus trabajos y con los productos, son relaciones simples, referidas tanto a la producción como a lo que atañe a la distribución. Parte del producto presta servicios como medios de producción y como medio de subsistencia, distribuido entre los miembros de la asociación.3

Marx también señala que la distribución variará según el tipo de organismo social de producción y el nivel histórico de desarrollo de los produc- tores. En este caso es importante considerar la cosmovisión del pueblo mapuche, su pertenen- cia con la tierra, y la búsqueda de la armonía y el equilibrio con el medioambiente. En este senti- do, los productos que genera la tierra son con- siderados como colectivos y están al servicio de la sobrevivencia (plantas medicinales, alimentos, madera, etc.).

Pese a que el proceso capitalista se instaló en los espacios territoriales a través de las empre- sas forestales, las comunidades se resisten a asumir este modelo, manteniendo en algunos lugares el sistema de trueque y reivindicando la devolución de las tierras usurpadas. La C.A.M. ha señalado que las comunidades mapuche se

confrontan con intereses empresariales, argu- mentando que se trata de una lucha contra el capital.

En los espacios territoriales estudiados encon- tramos comunidades que continúan generando producción orientada al valor de uso, no al valor de cambio. Lukacs señala que los valores de uso sólo dejan de ser valores de uso y se transfor- man en valores medios de intercambio, en mer- cancías, por su exceso respecto de la medida en la cual se requieren para el consumo. Cuando se convierten en mercancía lo hacen sólo dentro de los límites del valor de uso inmediato.

Por otra parte la usurpación de tierras en terri- torio mapuche trajo consecuencias para las co- munidades que viven rodeadas por las foresta- les. En primer lugar, dividieron a las familias que compartían el mismo territorio, la plantación de pinos y eucaliptos secan y contaminan las napas subterráneas ya que son especies introducidas que se dan en condiciones de humedad por lo tanto consumen una alta cantidad de agua, pro- vocando sequías en las napas subterráneas y la inutilización de las tierras, grave problema para las comunidades que desarrollan su vida en tor- no a la tierra. Las comunidades hoy viven en es- pacios reducidos, ya no consiguen sus plantas medicinales y la tierra es cada vez más esquiva para las plantaciones de papa, principal recurso de este espacio territorial.

Las condiciones de pobreza son extremas. Sin tierras productivas para trabajarlas y subyuga- dos a las forestales que mantienen el control económico y militar en la zona, algunos comu- neros son contratados por las empresas made- reras como mano de obra barata, reciben suel- dos mínimos y deben asumir la condición de empleados, lo que implica, mantener cierto gra- do de fidelidad con quienes los contratan. Los comuneros realizan el conjunto de las tareas que no pueden ser confiadas a la automatiza- ción y que pueden ser ocupadas por cualquier humano. El mapuche asume la condición de

obrero y es obligado a incorporar nuevos mo- delos de producción. Esta mano de obra barata es la encargada de la tala de los bosques, gran contradicción para quienes se llaman gente de la tierra.

Las empresas forestales que se instalaron en la zona durante la dictadura de Pinochet, pro- ducen pino radiata y eucalipto destinados a la producción de celulosa, exportada principal- mente a Japón. Ocupan más de 2 millones de hectáreas, una gran parte de ellas se concentra en la zona de Arauco, principalmente en los al- rededores del lago Lleu Lleu. La mayor parte de la producción corresponde a las Forestales Mininco, en manos del grupo Matte /Larraín, empresa que tiene más de un millón de hec- táreas en Chile, y Forestal Arauco de la familia Angelini, cuya propiedad alcanza las 1.087.200 hectáreas. En menor cantidad se encuentran las forestales Volterra y Tierra Andina, dueñas de más de 30 mil hectáreas. 4

En el caso de la comunidad Esteban Yevilao del sector de Choque, una de las 15 comunidades que se ubican en los alrededores del lago Lleu Lleu, reclaman 400 hectáreas en manos de la Forestal Mininco. 5

Ante los graves problemas que ha originado la instalación de las forestales en territorios ma- puche, una gran cantidad de comuneros debie- ron emigrar hacia ciudades del sur de Chile y Santiago. Actualmente la mayoría de los mapu- che son urbanos. En este contexto, las mujeres sólo pueden aspirar a ser empleadas domes- ticas. Los hombres con la condición que “chi- lenicen” su nombre, consiguen trabajos poco calificados. La discriminación se ha institucio- nalizado.

Los mapuche urbanos son contratados como mano de obra, pasan de una tarea a otra y nun- ca se quedan demasiado tiempo en una em- presa, lo que no les permite constituirse en una fuerza. Esta itinerancia provoca que este obre-

ALAEKENCHE 7 al

ro no tiene otro oficio sino las capacidades que vende a lo largo de sus tareas,

Las empresas forestales han perseguido a tra- vés de la justicia a las comunidades mapuche que se encuentran en conflicto y que respon- den a las reivindicaciones de la C.A.M. Los han acusado y perseguido por la quema de fundos y camiones, amenazas a los latifundistas del sec- tor y robo de leña. Las comunidades, en tanto, señalan que los comuneros mapuche que fue- ron detenidos recolectando leña lo hacían con el objetivo de calentar sus viviendas y cocinar. Igualmente, este hecho se ha sumado a la larga lista de acusaciones que ha presentado el Mi- nisterio Público para criminalizar la lucha de las comunidades en conflicto.

La situación de robo de leña en territorios ma- puche y sus sanciones puede ser entendida a partir de uno de los primeros escritos de Marx, quien nos habla de la lógica deshumanizante del capitalismo. El abordaje inicial de esta pro- blemática emerge cuando identifica que cier- tos bienes, en mismos singulares, se erigen como valores intercambiables entre sí, cuando estos bienes asumen el carácter de mercancías; lo cual da lugar a una doble transformación: en la penalización del “robo” de leña se reivindica no sólo el carácter mercantil de la leña sustraí- da (su valor expresado en dinero), sino también la posibilidad de que el deudor insolvente pa- gue con prisión. Doble transformación ésta,

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TEwWELCHE Y MA PUuE

cosas (con la leña en este caso) aparece como la relación de valores objetivos intercambiables entre —valor de la leña, valor de la multa en dinero y/o su equivalente en días de prisión—; y por la cual la relación de los hombres entre aparece como una relación entre cosas puesto que, a partir de la multa, el damnificado recibe como compensación una cosa, un “exhombre”, un hombre mutilado o, en todo caso, un hom- bre desprovisto, enajenado.

Posteriormente, Marx avanzará sobre esta pro- blemática en el capítulo de El Capital dedica- do al fetichismo de la mercancía, aunque desde una óptica claramente cientificista en base a su análisis crítico de la economía política burgue- sa. Al distinguir entre el valor de uso y el valor de cambio de toda mercancía, los economistas burgueses —denuncia Marx— no logran dar cuenta que este último es una generalidad abs- tracta que anula la singularidad de cada objeto en particular. Antes que una propiedad natu- ral de la cosa en sí, el valor de cambio es una construcción artificial, una ficción que emana de las relaciones sociales de producción. El aná- lisis marxiano de la mercancía demuestra que se trata de un objeto endemoniado, rico en su- tilezas metafísicas y reticencias teológicas, su misterio radica en que el carácter social del tra- bajo humano aparece ante los hombres bajo la forma de espectros, es decir, como caracteres

objetivos inherentes a los productos del traba- jo, en suma, como propiedades sociales que se creen naturales a dichas cosas. El fetichismo de la mercancía implica que las relaciones sociales que median entre los productores y su trabajo global aparezcan como relaciones sociales entre los objetos, como relaciones que, de suyo, exis- ten al margen de los productores. Según esto, Marx señala que el capitalismo es la religión de la mercancía donde las relaciones sociales entre

tanto valores, y relacionan sus trabajos privados entre como si fueran cosas, como trabajo hu- mano abstractamente indiferenciado. Del mis- mo modo, las relaciones entre las cosas apare- cen humanizadas: las mercancías se relacionan entre como valores objetivos intercambiables entre sí, al margen de los productores, lo cual no es atributo natural de la cosa, sino producto de las relaciones humanas.

los hombres aparecen como relaciones sociales entre cosas: los hombres se posicionan ante sus productos como ante mercancías, es decir, en

Las tesis de la enajenación en el itinerario mar- xiano se articulan, desde un principio, en torno a la idea de Hombre como ser genérico, como

un ser libre y ahistórico preexistente a la ena- jenación, de modo tal que ésta última aparece vinculada a una forma de vida no auténtica. En todo caso, la influencia de las relaciones his- tórico-sociales determina, en última instancia, los grados y matices de la libertad humana; en consecuencia, el trabajo alienado inherente a la lógica del modo de producción capitalis- ta termina por arrebatar al hombre su esencia genérica. Esto último evidencia la persistencia —¿problemática?— de cierto halo idealista en Marx, fundamentalmente en cuanto al desen- volvimiento de las leyes de la historia y el “ne- cesario” advenimiento de la auténtica sociedad humana.

Como señalábamos anteriormente la incorpo- ración del sistema de producción capitalista al interior de territorios mapuche y las condicio- nes de vulnerabilidad en que viven los comune- ros, obligó a muchos, principalmente de otros espacios territoriales, a incorporarse a la fuerza de trabajo de las forestales, modificando sus formas de intercambio, situación que es mirada con preocupación por los comuneros que de- fienden los espacios territoriales usurpados y que reivindican los sistemas de intercambio he- redados de sus antepasados. En este contexto, los trabajadores mapuche han asumido nuevas formas de vida, resguardando los intereses del capital.

Simmel nos da algunas luces para entender este proceso de adaptación de los trabajadores mapuche y aunque sus postulados están pen- sados en espacios de la vida cotidiana de los individuos en las nuevas y crecientes ciudades modernas, el fenómeno de la alienación y cosi- ficación se puede observar claramente.

En primer lugar Simmel señala que el Capitalis- mo produce enajenación más allá de lo estric- tamente económico, proponiendo una idea de expansión de las consecuencias de esta nueva forma a las otras esferas de la vida, de la estéti- ca, la erótica, la religiosa, la política. 6

La racionalidad que es parte de la esfera eco- nómica se expande hacia las otras esferas. La racionalidad del dinero es alienante. Es el me- dio por el cual todo se iguala. Simmel advierte la idea de “inversión entre medios y fines”, lo que debería ser un medio pasa a ser un fin, el dinero se convierte en un fin en mismo, un medio para alcanzar más dinero.

Esta nueva forma de vida, que considera al di- nero como fin en mismo, disminuye la sub- jetividad de los individuos y la posibilidad de dar sentido a su experiencia. En el caso de los trabajadores mapuche, además de asumir el sistema de producción capitalista, algunos de ellos modifican y alteran otras esferas de la vida. El trabajo vinculado a la tala de árboles se contrapone a la cosmovisión mapuche que plantea la pertenencia con la tierra, procuran- do un equilibrio con el medioambiente y que entiende que los productos que se generan de la tierra son el fruto del trabajo colectivo de la comunidad, siendo utilizados en su justa medi- da. Esta situación modifica la esfera religiosa y la ética. Sia esto se le suma la incorporación de religiones monoteístas, en este caso cristianas, la esfera religiosa se ve doblemente afectada, ya que las comunidades coaptadas por la igle- sia deben dejar de realizar prácticas ancestrales relacionadas con su cosmovisión, como lo son las ceremonias para pedir lluvia en tiempos de sequía (Machitún) o para agradecer (Rogativas).

Pero podemos sumar un tercer elemento que contribuye a la enajenación. Las reducciones territoriales también han traído consecuencias en el tema de la salud; las machis, mujeres en- cargadas de la sanación, no pueden hacer su labor ya que en los terrenos donde antes en- contraban sus plantas medicinales, ahora están las forestales. De ahí que muchos mapuche de- ben ser atendidos en centros de salud pública.

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El capital detrás de los juicios de los comune- ros mapuche

La C.A.M. ha expresado públicamente que el problema de fondo es territorial, las comunida- des mapuche ubicadas en sector del Lago Lleu Lleu se confrontan con intereses empresariales. Durante la dictadura militar el Estado vendió a precios muy bajos los terrenos que hoy ocupan Mininco y Volterra. Desde esa fecha las comuni- dades comenzaron el proceso de recuperación de tierras, radicalizando sus formas de lucha a partir de los años 90.

La recuperación de tierras contempló la quema de camiones de transporte de madera, incen- dios en los terrenos usurpados y enfrentamien- tos con la fuerza policial. Hechos reconocidos y relivindicados por la C.A.M. y que fueron uti- lizados por las forestales para perseguir a los comuneros y por el Estado para criminalizar el movimiento.

Los comuneros mapuche, la mayoría vinculados a la C.A.M,, fueron detenidos en el año 2008,